Luminosidad

Si hay una palabra que describe el día que hace hoy en Oviedo es «luminoso«.

Días como hoy me recuerdan a mi querida Lisboa (Portugal),  hace años estuve unos meses viviendo allí, en aquel momento no me encontraba muy bien anímicamente, por la mañana, cuando iba al trabajo en el autobús,  la luz entraba por las ventanillas y sólo puedo decir que aquella luminosidad y calidez que generaba la ciudad me «curaba», esa energía luminosa y transparente llegaba a mis células y era absorvida por ellas como quien bebe agua cuando tiene mucha sed, y así ocurre con todo, cuando algo es luminoso, puro y transparente penetra en nosotros casi sin darnos cuenta, como todo lo bueno, entra de maravilla…

luminoso

En la naturaleza y en la vida todo puede ser luminoso, emisor/generador de todo lo mejor que pueda llenar nuestra existencia,  si no, ¿para qué está? ¿para qué es?.

Los animales y las plantas tienen cada uno su papel luminoso en la naturaleza, tienen su lugar, dan su aporte incondicional, nada está al azar, nada es al azar en esta realidad, en este mundo, todo tiene su porqué y su para qué, su generosidad innata, entonces, ¿por qué a las personas nos cuesta tanto dar de esa luminosidad a otros?, si podemos ser receptoras y recibimos, e incluso podemos generarla espontáneamente, entonces, por esa regla, podemos decir que tenemos, así que ¿por qué evitamos dar a quienes nos rodean, incluso disfrutarla nosotros mismos?.

La información/energía luminosa de cada ser circula libre y en doble sentido, es inagotable, infinita y no abarcable en toda su plenitud, nos inunda en cada respiración, por todo ello ¿qué nos hace diferentes al resto de la naturaleza? Que yo sepa o entienda, NADA, sólo es por nuestro absurdo empeño en buscar y remarcar esa diferencia inexitente y virtual una y otra vez, y evitar malgastar nuestra luminosidad y almacenarla por si se pierde, se extravía, o por si alguien se aprovecha y nos la quita y/o nos la roba.. Por lo tanto, qué bien, qué listos y qué previsores somos los maravillosos seres humanos con nuestra energía luminosa.

Sabemos que si al fuego (y a su luminosidad) se le trata de guardar, ahogar, se le tapa privándole de oxígeno (ese elemento indispensable para la vida en este lugar) se apaga y llega la oscuridad… La temida oscuridad, esa en la que no vemos donde estamos, a donde vamos, perdemos el camino por donde veníamos y al final nos deja paralizados y sin opciones, pero ¡no os preocupéis! dice el dicho «donde hubo fuego brasas quedan» por lo que si rascáis en «el bolsillo» de vuestro corazón quizás encontréis algunas «chispas luminosas» que os hagan volver a vuestro camino..

 

Para terminar por hoy, os propongo un juego, que en cada palabra en negrita de este texto dónde está escrito «luminosidad» la cambiéis por «amoroso/a» o «amorosidad», ¿os parece cursi y pegajoso?, sí, como un caramelo que guardamos en el bolsillo, nunca sacamos y no compartimos en su momento y al final queda olvidado, derretido en el fondo y buen día metemos la mano para buscar algo y nos encontramos una sorpresa desagradable y pringosa, por lo tanto..

«El amor si no se comparte, se derrite..»

 

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