Detrás de la puerta

En el colegio me sentía la mayor parte de los días muy sola. En los recreos iba al baño y me metía en uno de los servicios, al cerrar la puerta pensaba que estando allí nadie me vería sola, tampoco me echarían de menos, por lo tanto no estaba en ninguna parte, sentía que allí dejaba de «existir»…

Me sentaba y esperaba a que el tiempo pasase y sonara el timbre para volver a la tediosa clase que tocase, quizás rebuscaba algo en los bolsillos del mandilón que me pudiese entretener, escuchaba a las niñas que entraban en el baño, sus conversaciones y el griterío ensordecedor del patio que aborrecía, mi único consuelo era pensar que en algún momento del día volvería a casa.

¿Alguien se ha sentido alguna vez así?

A veces guardamos recuerdos tristes en lo más profundo de nuestro ser y van emergiendo, quizás para darnos la oportunidad de curar esas heridas y/o conocernos mejor, entender de donde venimos, lo que pasó después y lo que sentimos en la actualidad.

Gracias por leer, un abrazo.

@chispainquieta

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